Y ahora ¿qué sigue?


El sábado 30 de agosto de 2008 las calles de 50 ciudades de la República Mexicana se tapizaron de blanco.

En la medida que avanzábamos, podíamos escuchar las conversaciones angustiadas, desesperadas, decepcionadas, enojadas.

Eran voces de muchas ciudadanos, de todos los estratos sociales, sin divisiones entre pobre y ricos, algunos compartiendo el mismo dolor: víctimas de un secuestro.

Después de que se entonó el Himno Nacional, la gente no se iba, quería más, necesitaba más.

Empezaron las voces al unísono “si no pueden, renuncien” “Devuélvanme a mi hijo” “Viva la Paz” “México Seguro”.

Poco a poco, la efervescencia iba subiendo y los comentarios eran más duros, tenían destinatario, de todos los colores, pero con una coincidencia “si no pueden, renuncien”. Era, como hace 4 años, como hace 10, como hace 23 años, un México unido. Sin distingo de partidos, credos o clases sociales, sin divisiones.

Mientras nos mantengamos unidos, podremos hacer frente a cualquier situación. Recuerden el temblor del 85, en donde la sociedad rebasó a las autoridades, se organizó y reaccionó de inmediato.

Pero un México dividido por ideas políticas o credos nos puede destruir, los ejemplos los tenemos a lo largo de nuestra historia, desde que nacimos como nación nos hemos estado matando, sin cultivar nuestras coincidencias.

Eso es lo que nos ha detenido como país, pero esta puede ser una oportunidad para cambiar eso.

Siempre hemos estado esperanzados en que la clase política de este país haga algo por mejorarlo, pero llevan diez, quince o más años metidos en la política y no han hecho nada.

La culpa es de nosotros, por nuestra apatía, por ser una sociedad que vive flotando, ignorándose unos a otros, recelosos de los demás. Es momento de que en verdad nuestra sociedad despierte.

Ese es el paso que sigue, participar, cuestionar, reclamar, ejercer nuestros derechos, los instrumentos los tenemos, para eso están las leyes de transparencia, tanto federal como estatales.


Pero no sólo al poder ejecutivo, sino también al legislativo, ¿Qué esta haciendo tu diputado o tu senador? ¿Por qué voto a favor o en contra de una disposición?

¡Exijamos resultados! ¡Demandemos respuestas! ¡Dejemos de estar viendo las cosas pasar!

Necesitamos pasar a una democracia con una representación efectiva, en la que los servidores públicos vean consecuencias claras ante sus omisiones, que dejen de ver por los intereses de partido y vean más por los de la sociedad.

Es hora de pelear por candidaturas independientes; por la reelección, para que su permanencia dependa de nosotros y no de los partidos; por una Secretaría de la Función Pública independiente, autónoma, ciudadana. Y que esto tenga eco en el resto del país

Ese es el paso que sigue, salir de la concha, de la parsimonia, del desinterés e involucrarnos socialmente, la unión hace la fuerza. No es lo mismo que nos hagamos presentes dos o tres a que sean mil, diez mil o cien mil.

Por lo pronto, supervisemos directamente que están haciendo para cumplir con el Acuerdo Nacional de Seguridad. Pidamos información, avances, cumplimiento de metas y reclamemos resultados

Y estemos atentos a las actividades de nuestros legisladores, y si algo no te late, reclámaselo, no importa en que partido milites y de que partido sea él, te representa y debe hacer oír tu voz.

 

 

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